
Tal vez este post tenga que ver con mi tiempo presente, con este ahora, que como dice un post de hace tiempo cumple algo más de un año, dónde re-descubrí un montón de cosas, me permití otro tanto, pude crear, pude empezar. Descubriendo, y amando a mucha gente nueva y otra que me acompaña desde siempre.
Especialmente, aprender a amar en libertad, una tarea difícil pero maravillosa, que se construye de a poco.
Entre tantas idas y vueltas, además de lo visible hay una hermosa parte de mí que ejercitar y es no solo la relación con mis pares sino con mi propio interior, esa energía que para algunos es religión, para otros Dios, naturaleza, universo, hablo de aquello q todos tenemos y que lleva para cada uno diferentes nombres y diferentes formas de adorarlo…
Aprendí en eso también que la libertad es invalorable, que la forma de llegar al centro de uno mismo no esta solamente, en la rigidez de alguna práctica, son solamente caminos que elegimos para llegar a la misma meta…me gustó para reflejar eso, este relato de Paulo Coelho…
De cómo era Jesús
Jesús debe haber pensado bien en sus actitudes. Sabía que ellas serían comentadas por los siglos venideros y precisaba dar el ejemplo.
¿Su primer milagro? No fue curar un ciego, hacer andar a un cojo o exorcizar a un demonio: fue transformar el agua en vino y animar una fiesta.
¿Sus compañeros? No fueron los que comandaban la cultura y la religión de la época; mas eran hombres comunes que vivían de su trabajo.
¿Sus compañeras? No eran como Marta, que hacía aplicadamente las tareas domésticas; eran como María, que lo seguía con osadía.
¿El primer Santo? No fue un apóstol, ni un discípulo ni un fiel seguidor; fue un ladrón que moría a su lado.
¿El sucesor? No fue aquél que más se aplicó en aprender sus enseñanzas; fue aquél quien lo negó en el momento que más precisaba de ayuda. En fin, nada de lo que mandaba el manual del buen comportamiento.
De cómo era Jesús
Jesús debe haber pensado bien en sus actitudes. Sabía que ellas serían comentadas por los siglos venideros y precisaba dar el ejemplo.
¿Su primer milagro? No fue curar un ciego, hacer andar a un cojo o exorcizar a un demonio: fue transformar el agua en vino y animar una fiesta.
¿Sus compañeros? No fueron los que comandaban la cultura y la religión de la época; mas eran hombres comunes que vivían de su trabajo.
¿Sus compañeras? No eran como Marta, que hacía aplicadamente las tareas domésticas; eran como María, que lo seguía con osadía.
¿El primer Santo? No fue un apóstol, ni un discípulo ni un fiel seguidor; fue un ladrón que moría a su lado.
¿El sucesor? No fue aquél que más se aplicó en aprender sus enseñanzas; fue aquél quien lo negó en el momento que más precisaba de ayuda. En fin, nada de lo que mandaba el manual del buen comportamiento.